El andinista desconfiado

Un andinista soñaba con escalar él solo el Aconcagua. Durante meses se preparó con paciencia y entusiasmo para esa aventura que se había adueñado por completo de su vida. Y llegó por fin el día en que emprendió la larga marcha. A medida que subía, el esfuerzo y la emoción golpeaban mazazos cada vez más fuertes en su corazón. A sus pies fueron quedando los árboles, los ríos, los últimos vestigios de vida. Sólo quedaba él , la montaña y sus sueños a punto de hacerse realidad.

Ya acariciaba con sus ojos la cumbre cuando cayó de golpe la noche con su larga carga de tinieblas. A pesar de que casi no veía, decidió continuar adelante, atrapado por la emoción de pasar la noche en el pico para ver desde allí el amanecer.

Un mal paso, un resbalón, y empezó a rodar velozmente monte abajo, hasta que un fuerte tirón que casi lo parte en dos lo detuvo de golpe: la cuerda que llevaba amarrada a la cintura le impidió que cayera en el abismo.

Tras recobrar la calma y encontrarse guindando de una cuerda en medio de una noche cerrada y negra, sólo se le ocurrió gritar con desespero:

-¡Ayúdame, Dios mío! ¡Ayúdame, te lo ruego!

De repente, cayó sobre él una voz profunda y grave:

-¿Qué quieres que haga?

-¡Sálvame, Dios mío!

-¿Realmente crees que yo puedo y quiero salvarte?

-Sí, lo creo, yo sé bien que tú eres mi padre y que me amas…

-Entonces, ¡corta la cuerda que te sostiene!

El andinista no esperaba esa respuesta. ¡Cómo iba a cortar la cuerda si era la que le impedía rodar abismo abajo, caer en alguna grieta o estrellarse contra las rocas! Seguro que Dios no le había hablado. ¿Cómo iba a hablarle Dios? Su temor y desespero habían imaginado que Dios le hablaba. El hombre se aferró más a su cuerda y se dispuso a pasar allí la noche. El viento gemia a su lado cada vez más frío…

Cuenta el equipo de rescate que encontraron colgado a un andinista congelado, muerto de frío, agarrado con desesperación a una cuerda …A DOS METROS DEL SUELO…

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